Un cuento para sentir y no ver
No es raro que me veas caminar sola por la calle, fumando un cigarrillo. Parándome a comprar más, en el quiosco de la esquina. Así, como no es raro creer que me estés siguiendo observándome desde un lugar oculto. Mirándome detenidamente para poder ver que es lo que hago. -Hola, un Philips Box convertible- y sólo eso le dije al quiosquero para saber que te acercarías y te detendría en silencio a unos pasos. El quiosquero alzó la mirada para ver detrás de mío, mientras estiraba el brazo para agarrar la plata. Giré y no estabas. -No te preocupes me pareció ver a alguien- me dijo, pero eso, no me tranquilizo. Tantas veces soñé tu regreso que hoy mi corazón no suspiraría al verte. Jamás pensé la respuesta a tu pregunta, aunque, te hice entender que nada volverá a hacer como antes. Sólo en mis sueños eres perfecto, y un día tal vez, un día, el Ángel del más allá cumpla mi deseo, de que me encuentre despierta y esta vez en tus brazos. Tantas cosas quise compartir con vo...