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Mostrando entradas de agosto, 2015

Un cuento para sentir y no ver

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No es raro que me veas caminar sola por la calle, fumando un cigarrillo. Parándome a comprar más, en el quiosco de la esquina. Así, como no es raro creer que me estés siguiendo observándome desde un lugar oculto. Mirándome detenidamente para poder ver que es lo que hago. -Hola, un Philips Box convertible- y sólo eso le dije al quiosquero para saber que te acercarías y te detendría en silencio a unos pasos. El quiosquero alzó la mirada para ver detrás de mío, mientras estiraba el brazo para agarrar la plata. Giré y no estabas. -No te preocupes me pareció ver a alguien- me dijo, pero eso, no me tranquilizo. Tantas veces soñé tu regreso que hoy mi corazón no suspiraría al verte. Jamás pensé la respuesta a tu pregunta, aunque, te hice entender que nada volverá a hacer como antes. Sólo en mis sueños eres perfecto, y un día tal vez, un día, el Ángel del más allá cumpla mi deseo, de que me encuentre despierta y esta vez en tus brazos. Tantas cosas quise compartir con vo...

Vida y obra del difunto

Recortes figuras sombrías

El comienzo de un drama

Preámbulo de un éxito a escondida

Cuantos mas…

Pequeños Santos

Conociendo al Sr. Lomas

Pasajes de Bajel

Albath

Ñe-Huntará

El reproductor de imágenes

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Joaquín estaba sentado en frente de la televisión. La luz que está emanaba lo mantenía hipnotizado en su mundo. Él no recordaba nada sobre lo que había pasado. Lo único que recordaba era a un viejo, que caminaba entre los rieles. Subió al andén, se acercó hacia la Virgen, que estaba en la otra punta de donde estaba Joaquín. El hombre tenía los labios pintados de un color carmesí, en el hombro colgaba una cartera y en la mano una cámara de fotos. Movió los labios. El hombre giró la cabeza hacia él y lo vio solo en la estación. Unos minutos después apareció el guardia.   Lo despertó. Edgar se tenia que ir si o si. Y Cata volvía cada tanto. Yo era la que tenía una plena conexión con el suceso, la única para los demás, que se había quedado dormida en la estación de lobos. Cata había formulado un conjuro protegiéndome de cualquiera que pretendiera hacerme daño, haciendo invisible ante los enemigos. El hombre, colgó el teléfono, sin sacar la mirada de encima acercánd...

Donato Arquino

¡Mírame Miranda!

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Sentada en el inodoro, a mitad de la noche, enfrente a un pequeño espejo empañado me veo sin ser una firme figura, pero sé que está, observa y cuestiona. ¿Cómo te sientes? me pregunté sin mirarme a los ojos. Como si estuviera adentro de un frasco, respondí mentalmente mirando al techo, aislada del resto y con la misma idea que ha rondado en mi mente por un largo, largo tiempo. Cómo puede calmarse la mente cuando no tienes nada que contar y te reprocha por eso. En mi vida he dicho un centenar de historias y aun siguen fluctuando pero hoy no cuento con ninguna de ellas.

Bisagras

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