Un cuento para sentir y no ver
No
es raro que me veas caminar sola por la calle, fumando un cigarrillo. Parándome
a comprar más, en el quiosco de la esquina. Así, como no
es raro creer que me estés siguiendo observándome desde un lugar oculto.
Mirándome detenidamente para poder ver que es lo que hago.
-Hola, un Philips Box convertible- y sólo eso le dije al quiosquero para saber que te acercarías y te detendría en silencio a unos pasos. El quiosquero alzó la mirada para ver detrás de mío, mientras estiraba el brazo para agarrar la plata. Giré y no estabas.
-Hola, un Philips Box convertible- y sólo eso le dije al quiosquero para saber que te acercarías y te detendría en silencio a unos pasos. El quiosquero alzó la mirada para ver detrás de mío, mientras estiraba el brazo para agarrar la plata. Giré y no estabas.
-No
te preocupes me pareció ver a alguien- me dijo, pero eso, no me
tranquilizo.
Tantas veces soñé tu regreso que hoy mi corazón no suspiraría al verte.
Jamás
pensé la respuesta a tu pregunta, aunque, te hice entender que nada volverá a
hacer como antes. Sólo en mis sueños eres perfecto, y
un día tal vez, un día, el Ángel del más allá cumpla mi deseo, de que me
encuentre despierta y esta vez en tus brazos.
Tantas cosas quise compartir con vos y por eso te anhelé con pasión. Y hoy abro los ojos y sé que los tengo que cerrar.
Tantas cosas quise compartir con vos y por eso te anhelé con pasión. Y hoy abro los ojos y sé que los tengo que cerrar.
¿Qué es lo que buscas? Abrázame.
¿Por qué me pides que guarde silencio? No entiendo ni una sola palabra de lo que dices, hablas muy despacio. No quieres que hable más. No he olvidado el daño que me hiciste y el que me acabas de hacer. ¡Ándate ya! No hables. Huye de mí como siempre lo hiciste. No endulces más mi oído con palabras que no sentiste. Por qué no quiero oír..., no quiero sentir..., no quiero recordar..., no quiero que estés al lado mío cuando la ambulancia venga.
¿Por qué me pides que guarde silencio? No entiendo ni una sola palabra de lo que dices, hablas muy despacio. No quieres que hable más. No he olvidado el daño que me hiciste y el que me acabas de hacer. ¡Ándate ya! No hables. Huye de mí como siempre lo hiciste. No endulces más mi oído con palabras que no sentiste. Por qué no quiero oír..., no quiero sentir..., no quiero recordar..., no quiero que estés al lado mío cuando la ambulancia venga.
Que les vas a decir...
