¡Mírame Miranda!
Sentada en el inodoro, a mitad de la
noche, enfrente a un pequeño espejo empañado me veo sin ser una firme figura, pero sé
que está, observa y cuestiona.
¿Cómo te sientes? me pregunté sin
mirarme a los ojos.
Como si estuviera adentro de un frasco,
respondí mentalmente mirando al techo, aislada del resto y con la misma idea que ha rondado
en mi mente por un largo, largo tiempo.
Cómo puede calmarse la mente cuando no
tienes nada que contar y te reprocha por eso. En mi vida he dicho un centenar
de historias y aun siguen fluctuando pero hoy no cuento con ninguna de ellas.
